Relatos

La lámpara mágica

Jorge y Sergio se encuentran ordenando su habitación. Tienen varias bolsas llenas de todo tipo de cosas. De repente, Jorge abre una bolsa y saca una lámpara de ella.

Jorge: Sigo sin poder entenderlo, ¿quién puede comprar una lámpara así?

Sergio: No empieces, cariño…

Jorge: Bueno, no sé quién es peor, si la persona que la diseña o la que es capaz de comprarla.

Sergio habla con voz conciliadora.

Sergio: Tampoco es tan fea…

Jorge: Sergio, mírala bien. Si tienes valor, contémplala durante cinco segundos. Y ahora, imagínate esa mente maquiavélica, pensando en su habitación: voy a crear una lámpara horrible. Voy a crear un nuevo concepto. La llamaré, la antibelleza. Será un símbolo. Será el regalo perfecto para decir: me caes mal.

Sergio pone los ojos en blanco.

Sergio: ¿De verdad crees que les caemos mal?

Jorge: Creo que me encantaría. Sería la mejor opción. En serio, ojalá sea eso, me niego a pensar que nos la regalaron porque les gustaba. Peor aún, me niego a pensar que creían que nos gustaría. ¿Te los imaginas comprándola?

Sergio: Creo que vas a hacer que me los imagine.

Jorge: Seguro que fueron a un anticuario. A una de esas tiendas que rebosan pedantería. Seguro que incluso les costó cara. Me imagino al vendedor, que no sabía cómo quitarse ese muerto de encima. La verdad es que no sé qué pensar del vendedor, una persona lo suficientemente hortera para comprarla, pero increíblemente hábil para venderla. ¿Cómo les convencería para que se la llevaran? Seguro que se inventó una historia fantástica. ¿Será una lámpara mágica?  Jorge frota la lámpara.  Pues no, no es mágica.

Sergio: ¿Seguro? Tiene el poder de hacerte seguir hablando.

Jorge: Venga ya, ¿y lo bien que me lo paso? Sigamos imaginando. Tiene que haber un motivo, algo que se nos escapa. Me niego a creer que fuese un amor a primera vista. ¿Quién crees que la eligió? Seguro que fue Josep: «Toni, mira lo que he encontrado. ¿No es preciosa? Es el regalo de boda perfecto para los sevillanos». Serán maricones…

Sergio, cansado de la conversación, intenta cambiar de postura.

Sergio: Vale, sí, es una lámpara horrible y no pega con el resto de los muebles de la casa.

Jorge: ¿De la casa? ¡No pega con el resto de los muebles del mundo! ¡No es posible crear un entorno en el que esta lámpara encaje!

Sergio: Y es por eso que hemos comprado esta otra preciosidad, que ilumina muy bien y queda perfecta en la mesita de noche. Esa la guardaremos en el trastero.

Jorge pone los ojos como platos.

Jorge: Estás de coña, ¿no?

Sergio: ¿Por qué lo dices?

Jorge: El trastero sirve para guardar cosas que es posible que vayamos a necesitar alguna vez. No se me ocurre ningún escenario que involucre esta lámpara. ¿O acaso crees que en el futuro existirá un concurso de los peores muebles de la historia? Tampoco, seguro que nos descalificarían. Dirían que lo hemos diseñado solo para ganarlo.

Sergio: ¿Y si vienen de visita?

Jorge: ¿Qué pasa si vienen de visita?

Sergio: Seguro que les haría ilusión verla.

Jorge: No, me niego, ni de coña, ¿lo dices en serio? ¿Vamos a tener que sacar eso cada vez que vengan a vernos?

Sergio: Podemos sacarla la primera vez, y cuando vuelvan decir que se nos ha roto. Así no herimos sus sentimientos.

Jorge: ¿Y por qué no podemos decirles que es una lámpara horrible, que nos causa pesadillas y que no la queremos?

Sergio: ¿Qué parte no has entendido de “así no herimos sus sentimientos”?

Jorge: ¿Tú no eres “mu” maricón para ser tan políticamente correcto?

Sergio: ¿Y tú tienes que llamar maricón a todos los gays?

Jorge: Estoy en mi derecho. Está mal visto que llame negros a los negros, y gordos a los gordos, pero nadie se molesta si llamo maricones a los maricones.

Empieza a sonar el móvil de Sergio, que lo saca del bolsillo y pone cara de sorpresa.

Sergio: Es Josep.

Jorge: Anda, mira, hablando del maricón de Barcelona, por el teléfono asoma.

Sergio ignora a Jorge y empieza a hablar.

Sergio: ¿Sí? ¡Josep, qué sorpresa más grande! Justo ahora estábamos hablando de ti… ¿Como que estáis por Sevilla…? ¡Claro que sí! Estamos en casa, llamad a la puerta que os abrimos. Cuelga el teléfono. ¿A que no sabes qué?

Jorge: ¿Nos ha tocado la lotería?

Sergio: Venga, sé buen chico y dame la lámpara, voy a esconder esta debajo de la cama.

Jorge: ¿Pero por qué no podemos decir la verdad?

Sergio: La verdad está sobrevalorada. Míralo por el lado positivo, dentro de un par de horas podremos deshacernos de ella.

Jorge: Eso me gusta. Toma. Le da la lámpara, que Sergio coloca sobre la mesilla de noche, mientras esconde la nueva bajo la cama. Justo en ese momento suena la puerta y ambos van a recibir a la pareja. Se saludan y dan los besos y abrazos de rigor.

Sergio: Bueno, ¿qué hacéis aquí?

Antonio: Josep, como todos los meses, tenía una conferencia en vuestra tierra, y yo tenía ganas de daros una sorpresa, que no nos vemos desde la boda, así que decidimos aprovechar su viaje para pasar el fin de semana aquí. Yo he llegado esta mañana. ¿Y vosotros qué tal? ¿Cómo fue la luna de miel?

Jorge: Fantástica, Hawái es un paraíso.

Antonio: Qué bien, qué envidia más grande. ¿Y la vida de casados cómo os va?

Jorge: Tampoco ha cambiado mucho. Llevamos alianzas, por fin nos hemos mudado y hemos tenido dos semanas más de vacaciones. Pero el resto sigue igual que siempre.

Sergio: Qué romántico es mi hombre.

Jorge: Sigue igual que siempre, pero yo te quiero más que nunca. Se besan.

Josep: ¿Tenemos que seguir hablando o podemos ver ya la casa de la que siempre hablabais pero a la que nunca os mudabais? Me habéis creado demasiadas expectativas.

Sergio: Claro que sí. Aquí tenéis nuestro nidito de amor, ya habéis visto la entrada y este es el salón. Como os dijimos, los ventanales llegan hasta el suelo y las vistas son espectaculares. Y ya veréis cuando sea un poco más de noche y esté toda la ciudad iluminada.

Josep: Hijos de puta.

Jorge: ¿A que es tremendo? Me paso horas mirando.

Sergio: Mientras yo limpio y hago la comida. ¡Y dices que no ha cambiado tu vida de casado!

Se ríen y pasan al dormitorio.

Sergio: Y aquí tenéis el dormitorio, que no es tan espectacular pero nos encanta porque es muy luminoso también.

Antonio: ¡Tenéis la lámpara! ¿Quién duerme a este lado de la cama?

Sergio: Yo. Sonríe. La enciendo todas las noches para leer.

Antonio: ¿No es fantástica? Déjame ver cómo queda. – Le da al interruptor, y sorpendentemente, la luz sale de debajo de la cama. Todos se miran unos a otros, sin saber qué decir. Pasan unos diez segundos hasta que Josep rompe el silencio, dirigiéndose directamente a Jorge.

Josep: Serás hijo de puta, me dijiste que te había encantado.

Jorge se queda inmóvil, totalmente colorado, sin abrir la boca, mirando a Josep y a Sergio.

Sergio: ¿Que este te dijo qué? ¿Cuándo?

Josep: Mira, ya estoy harto de esto. Me lo dijo anoche.

Antonio: ¿Quedasteis anoche? No me habías dicho nada.

Sergio: No nos vimos anoche. Josep, ¿de qué hablas?

Josep: Hablo de que Jorge y yo nos vimos anoche, como siempre que vengo a Sevilla. Mira a Sergio. Quedamos, él te llama y te dice que volverá tarde porque tiene trabajo, nos tomamos algo, me miente descaradamente, nos vamos a mi habitación del hotel y luego se vuelve contigo. Y yo no lo aguanto más. Mira a Antonio. Lo siento muchísimo, cariño. Ha sido un error y te puedo asegurar de que no lo volveré a hacer. Se gira hacia Jorge. Hemos terminado, capullo integral.

Antonio: Mirando a Josep. Nosotros sí que hemos terminado, sin vergüenza. Sale del piso.

Josep: Toni, déjame explicártelo. Se va detrás de Antonio. Sergio y Jorge se quedan mirando fijamente.

Sergio: ¿No tienes nada que decir?

Jorge: ¿Te apetece una cerveza?

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