Ritual

Me fascina tanto silencio, tanto orden. Contemplo la pareja escandinava, él pelirrojo, ella rubia, desde mi terraza, a través de dos ventanas que dan a la cocina y al salón. Tras ninguna de ellas se dirigen nunca la palabra. Realizan todos los días la misma rutina: él entra en la amplia cocina, se lava las manos, se coloca un delantal para no ensuciar su estupenda camisa y comienza a preparar la cena, compuesta siempre de una ensalada, unos panecillos variados, una copa de vino blanco y
alguna pieza de fruta. Unos minutos más tarde, ella, con un precioso vestido, hace su aparición en el salón para poner la mesa: mantel bordado, plato llano, plato hondo, copa de cristal, cubertería colocada al milímetro, servilleta de tela cuidadosamente doblada. Me impresiona tal compenetración. Cada uno sabe perfectamente cuál es su cometido y lo realiza con esmero. Adoro verlos dedicar toda su atención como si no existiera nada más importante. Ambos desean que su acompañante disfrute de una cena perfecta. Al finalizar los preparativos, se sientan, uno frente al otro. El ritual de la cena es sorprendente. Degustan la comida con parsimonia, sin dejar de mirarse, sin encender el televisor ni mirar el móvil. Y completamente en silencio. A mí me relaja verlos disfrutar tan tranquilos, ajenos a un mundo cada vez más acelerado.

Aunque no tengo ninguna prisa, me alegro al ver que terminan y sueltan los cubiertos. Siguen sentados, completamente relajados. Aparentemente no cambia nada, pero es mi momento favorito. Comienzo a prestar más atención si cabe, intrigado por ver quién sucumbirá antes. Es sorprendente el aguante que muestran, la infinita paciencia que tienen. En cuanto veo al pelirrojo frotarse la nariz, sé que va a ser derrotado. Su sufrimiento es corto pero intenso. Ella lo observa tranquila, mientras él hace ímprobos esfuerzos por mantenerse. Finalmente, no puede evitarlo y estornuda con fuerza. Ella lanza un grito de alegría, se levanta y lo besa con pasión, para a continuación dirigirse al sofá a leer un poco, mientras él no es capaz de ocultar una mueca de enfado.

Ha sido el primero en emitir un sonido. Esta noche le toca recoger a él.

Mesa para dos

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