Borracheras y resacas

En aquel ámbito de labores, juegos y adivinanzas habían estado divagando antes sobre el azar que los reunía allí y sobre otras cuestiones que se fueron desgajando del texto de la carta, un discurso fluido y quebrado al mismo tiempo. Siempre que estaban juntos –cosa que ya no era tan frecuente– se querían deslumbrar uno a otro pero también contemplarse idénticos en el espejo de un arroyo quieto, reflejados en el privilegio de dar la espalda al mundo. Mezclando en coctelera desdén, cinismo, audacia, ingenio y desenfreno, la tormenta artificial arreció sus relámpagos cada vez más lívidos, abocados a la agonía.

Hasta que sobrevino el apagón, como era de esperar.

Se aburrieron de interrumpirse tanto como de escucharse. Cuando el desafío a las leyes de la gravedad encuentra eco en alguien aquejado por la misma sed, la borrachera conjunta puede ser gloriosa, pero tiene mala resaca en general.

Carmen Martín Gaite – Irse de casa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *